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Me sonrojo de vergüenza cuando alguien trata de desacreditar determinadas argumentaciones diciendo de ellas "que están condicionadas por la ideología". Y siento una gran confusión cuando se tilda en una conversación de "ideológicos" a ciertos discursos. ¿Existe algo más que la ideología?. Me explico, no hablo de la hipotética defensa de la legitimidad de un acólito de la religión de los gamusinos azules, por ejemplo. Es decir, no hablo de ideologías como estructuras mentales de individuos cerriles, hablo de ideología como sistema, ó simple conjunto de ideas.
¿Se puede producir intelectualmente algo que no sea una creencia?. ¿Entonces qué habría producido el acto de pensar?. ¿Puede el pensamiento dar como fruto algo que no sea una idea?. Hay quienes opinan que cualquier pensamiento provoca una acción, por ejemplo cualquier opinión que podamos tener sobre nosotros mismos acerca de nuestras propias cuestiones mundanas, condiciona - o se puede decir que el pensamiento se materializa - en una acción que tomamos de modo consecuente respecto a ésa cuestión mundana. Es cierto, y sin embargo recuerdo que aún en tales casos (trágicamente, aún en todos los casos) el pensamiento sólo es una parte de tal acción. Sólo una parte de cualquiera de las historias que nos suceden, y puede - y debe - entrar en conflicto con las otras instancias que concurren en cualquier acción, a veces en conflicto con otros pensamientos, ó con otros tipos de instancias cómo las motivaciones subconscientes que podamos tener, el azar, los demás, la muerte, etc...Por tanto, afirmar que nuestro pensamiento determina de algún modo lo que nos sucede es idéntico a afirmar que la suerte determina todo lo que nos ocurre: una exageración. Acaso su máxima aspiración (la del pensamiento) es co-determinar nuestra historia. No es poco, pero a la vista de la cantidad de instancias que co-determinan nuestro mundo, tampoco parece demasiado.
Evidentemente todos entendemos que nuestros pensamientos y la actividad misma de pensar producen un algo que puede tener consecuencias para nosotros mismos, pero insisto en que por sí mismo el fruto del pensamiento son las ideas, las asociaciones complejas de sensaciones y finalmente el lenguaje. Y tiendo a considerar al hombre, volviendo al principio, simplemente como una especie animal que genera ideologías. Desacreditar un discurso ó una argumentación diciendo de ella que es ideológica me parece como tratar de desacreditar a un árbol diciendo que es un vegetal. Todos los árboles son vegetales y todo discurso ó concurso de ideas es ideológico.
Bien, aunque parezca rebuscado, quiero relacionar el acto de pensar con la música. Ya veremos cómo termina ésto.
Tengo tan claro que somos básicamente un animal que genera ideologías que me permitiría hacer una modesta advertencia aún sobre la cuestión de pensar y sobre la cuestión de cuál es el estricto fruto del pensamiento, para luego comenzar a divagar sobre la música: tan inocente y aparentemente dócil como parece la cuestión, y la filosofía ontológica (y me atrevería a decir que cualquier disciplina que requiera un mínimo de abstracción) está fundamentada en la respuesta a ésa pregunta: ¿qué es pensar? ¿qué se obtiene mediante la actividad de pensar?. ¿Cuál es el enlace entre lo pensado y la realidad, digamos, objetiva?. Por tanto no deberíamos trivializar la cuestión, pues dependiendo de cómo enfoquemos su respuesta llegaremos a una cosmovisión u otra.
La música es algo parecido a pensar en el siguiente sentido: encontraremos dos modos de entender/explicar la experiencia de la música así como encontraremos dos modos de cuestionarse/responder la pregunta de qué es pensar. Y ambos pares estarán correlacionados.
Es posible que tanto en la música como en el cuestionamiento filosófico de qué es pensar, coexistan varios planteamientos igualmente legítimos, que en su especie de contraposición constante que ninguno de ellos puede ganar por completo, generan todo ése tipo de "movimiento pendular de la Historia" que hace, no sólo que la Historia sea repetible y comparable, sino que caiga en una especie de Eterno Retorno de los paradigmas que suelen dominar éso que se llama "el signo de los Tiempos".
Podríamos simplificar las respuestas a la pregunta de qué es pensar (simplificar la realidad es el delito reiterado de la especie humana) en dos grupos: Quienes manifiestan que pensar sólo produce creencias - ontológicamente válidas y con un sentido relatívamente rector en el plano de las comunidades humanas - pero creencias al fin y al cabo, y no ven en el lenguaje más que una interpretación de la realidad, por un lado. Y por otro, quienes ven en el pensamiento un reflejo de la physis y su realidad, una identificación funcional entre el lenguaje-conocimiento-existencia y la realidad misma. Una aplicación positiva de lo uno en lo otro, que por su positividad, puede ser conocida.
Obviamente ésta simplificación es muy gruesa. Pero me vale para ir dando cuenta de que ésa misma dualidad se escenifica genuínamente en la música.
Podemos ver cómo la postura positivista, aparentemente más platónica y funcional, que opina que hay un enlace entre el pensamiento y el ser, y que cree que ése enlace puede ser conocido y estudiado, la postura que piensa que en la historia del desarrollo de la Humanidad ha habido un paso del Mito al Logos, que la evolución histórica y social existe, que el progreso existe, las posturas que tienden a limitar a la filosofía como filosofía de la ciencia, la ciencia misma y sus métodos, las respuestas - en suma - que tienen un cierto sentido teológico, aunque la divinidad aquí se entienda tanto en sentido secular como en su sentido religioso habitual, son las posturas que representarían a la música como matematización ó positivación de cualquier especie del sonido. Es decir, si uno analiza el fundamento, la armonía y la afinación de una música, y positiva las relaciones del lenguaje encontradas en la producción musical, está percibiendo la música desde una postura positivista. Puesto que se vislumbra que la Musa puede ser conocida, que puede ser accedida por la mente, y que hay unas reglas que gobiernan la aparición de la Musa y nuestro entendimiento suyo.
De algún modo, en la otra vertiente, la preconcepción filosófica que juzga al conocimiento-existencia como una interpretación, inmerso en un todo mistérico, que apunta a los hechos pero no los positiva bajo ningún método, la preconcepción que estima que no hay ciencia, sino creencia, y que más que constituirse como una teología pagana - ¿la ciencia? - apunta a un conocimiento más unitario del hombre, lenguaje y mundo, y a un conocimiento más sapiencial, se identifica con la percepcion de la música como emoción ceremonial. Cuando uno se deja llevar por el rito musical hasta los confines de la experiencia sin recabar en la "objetividad" de ésa sensación, está escuchando lo indominable de la experiencia musical, participa en ella y no se dedica a observarla desde fuera ó deducirla de algún otro principio: la música es su principio. No la mira, resumiendo, con ojos de antropólogo de las sociedaddes coloniales del siglo XIX.
De una manera un tanto simplista se puede decir que la primera concepción musical corresponde a las tradiciones canónicas, a la enseñanza institucionalizada que conocemos (los conservatorios y escuelas de musica), a buena parte de los movimientos de vanguardia del siglo XX (J.Cage, Varese, F.Zappa, Stockhausen)...Así que podemos notar el hecho de que estar influído por éste neopitagorismo musical no implica poseer un lenguaje pobre ó ser un artista irrelevante - ¿al contrario? -. Y también podemos observar, ya que menciono a Pitágoras, cómo los viejos sistemas ortonormales de proporción numérica y armonicidad matemática de la tradición Bachneriana, clásica, han sido ampliados - en las vanguardias - hasta la física acústica: el tono, el pulso, el timbre, el ataque,...etc. Los nuevos principios de los que se deduce la música pasan a ser de corte más fisicalista que numéricos.
La contraparte de la anterior simplificación hace corresponder a la ontología filosófica contigentista, interpretativa, con el arte popular. La música popular sería la manera de atender a la experiencia musical como algo autolegislado, inmanente a la realidad humana, y no con aspectos transcedentes hacia ninguna realidad superior. Hendrix, Terremoto de Jerez, Ry Cooder,... son ejemplos de interpretación repentista de la experiencia musical.
No resulta curioso (toda simplificación es falsa) que ésta separación no sea realmente estricta. Por ejemplo, en los pianistas se suele notar la separación entre la mano izquierda (regular, metrificada, metodologizada) frente a la mano derecha (más pasional, significativa, contingente). Así que la hibridación entre los dos paradigmas - como en el caso filosófico - es tal que la separación paradigmática sólo tiene verdaderamente un valor comunicativo, pero nunca real. Es también visible, por ejemplo, que los dos principios aparecen en mezcolanza musical cuando analizamos cómo los intentos de algunos autores (Schoenberg, Ovules,...) en capturar la esencia fenomenológica de la experiencia musical a través del tiempo no pulsado, en un intento de des-metrificar y des-estructurar las composiciones, no consiguen capturar la asimetría y el repentismo propio de las experiencias populares de la musica mejor que la escuela de Philip Glass, R.Pinhas, el serialismo, y toda una serie de música de tiempo pulsado en el que a través de un cierto ritmo aditivo, la extensión y contracción de las melodías y series rítmicas logran una especie de "dimensión +i" ó ritmo oculto dentro de un contexto multi-rítmico que logra (paradójicamente dentro de un tiempo estrictamente pulsado) conseguir una dimensión atemporal de la composición.
En fin, al margen de elucubraciones sobre el jazz-free ó la asombrosamente sincopática forma de cantar jondo de Chocolate, quisiera por último aclarar que ambas posturas filosóficas - las dos respuestas a la pregunta ¿qué es pensar? - a las que nos hemos referido para simplificar el lenguaje musical son completamente occidentales. Es falso que el espíritu occidental se identifique con la Ilustración (para simplificar, de nuevo...) y se vea exclusívamente como una expresión del positivismo científico que afirma que el mundo objetivo existe, y que puede ser conocido. La respuesta de que el pensamiento es un tenue lógos aislado en la oscuridad del devenir constante, sin solución de continuidad y expresamente interpretativo, no explicativo, es tan occidental como F.Nietzsche. Y éso que el filósofo sólo se dedicó a repetir junto con Heráclito que "la eternidad de la muerte constante de todo lo existente es la resurrección pagana". |